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| Libro de 1985 |
Hace bastantes años (década de los noventa del pasado siglo) me llevaba grandes disgustos cuando en los inicios de Internet en las universidades detectaba textos literales o parafraseados rudamente, de escritos míos que ni siquiera eran citados. Afortunadamente, ya no me llevo disgusto alguno, aún reconociendo que se trata de prácticas detestables. Alguien ante estas prácticas sugiere que, en efecto, la red está llena de piratería. Perdón, esto no es "piratería" en la forma que hoy se entiende. Si yo me bajo ilegalmente de la red una pieza musical, estoy "pirateando" pero no suplanto al cantante, a la cantante o al director de orquesta.
Cuando fotocopio un libro sujeto a derechos editoriales, igualmente estoy "pirateando". Y si ese libro fotocopiado lo cuelgo en la red sin permisos, mayor delito. Sin embargo, en ninguno de esos casos suplanto nada ni a nadie, a no ser que borrase el nombre del autor del texto. En consecuencia, en estos casos si me atrevo a poner mi nombre en la cabecera del libro o artículo de otro, mayor delito. Los juristas lo deben calificar...
